El planeta Tierra, es la
cuna y cementerio de la especie humana. Las leyes del Universo crearon a este
planeta, en él, el fenómeno vital; miles de especies vivientes, animales
vegetales; y cada especie, también con miles de variedades o razas; todo orientado
a que la vida se perpetúe, pero sólo por medio de la reproducción sexual. No
hay inmortalidad.
En su estructura, el
planeta Tierra se asemeja a una naranja, o más exacto a una mandarina; en esta
fruta, ya madura, la cáscara se desprende de la pulpa, y se mueve encima de
ella. Las cáscaras de estas frutas se asemeja a la corteza terrestre; y la
pulpa al núcleo, básicamente de metales, donde predomina el hierro; mientras la corteza está formada por los no metales,
con la sílice predominando.
Finalmente, la proporción de núcleo y corteza,
se asemeja también: el núcleo es enorme y la corteza muy delgada; el radio del núcleo
terrestre es más o menos de cinco mil kilómetros y el espesor de la corteza alrededor
de 300. En el enfriamiento del planeta, la corteza se arrugó como en una
mandarina y se quebró como vidrio, formándose las conocidas placas tectónicas
que flotan sobre el núcleo aun fundido.
El planeta Tierra, es
parte de la estructura y del sistema planetario solar; con complejos movimientos
satelitales; alrededor del Sol, y el movimiento más curioso: un movimiento de
trompo, gira alrededor de un eje polar y se inclina como cuando gira un trompo
en una superficie. Luego, rota alrededor de un eje invisible que va de polo a
polo, y se inclina en un movimiento de vaivén oscilando en la mitad de ese eje.
En este marco de corteza
quebrada, formando las placas; flotando sobre un núcleo de hierro fundido; con
movimiento de giro de trompo, las placas “patinan” según los movimientos.
La patinada más peligrosa
para los seres que viven en la superficie de la corteza, es cuando en el
vaivén, hay detención para cambiar de movimiento, en un ir hacia atrás; el polo
norte se iba inclinando hacia delante, mientras el sur iba hacia atrás; en este
momento de detención, de vaivén cero, antes de regresar, las placas, por
inercia, siguen su movimiento pero se
detienen bruscamente por la gravedad; esto es terremoto en la superficie;
hundimientos de tierras, afloramientos, acción más intensa de volcanes al
apretarse el núcleo por el peso de la corteza, maremotos…
No hay dioses que
produzcan nada, sino el humano sería feliz. Vivimos en un mundo con leyes que
no diferencian lo que el humano llama el bien y el mal. Es muy duro para muchos
humanos aceptar la muerte de una cebra para que los leones vivan; o la
explotación de unos humanos por otros, para que pocos vivan en riquezas y
lujos, más allá de sus necesidades.
En esta realidad, se dan
los terremotos naturales, acabando con civilizaciones enteras, enterrando bajo
sus escombros a ricos y pobres por igual; unos sepultados bajo mármoles finos,
otros bajo simple adobes o piedras mal labradas.
Esto es provocado, quien sabe, si planeado o no,
por las leyes del desconocido, desconcertante universo. Tendrán que pasar miles
de años para que la mente se desarrolle y pueda tener ideas razonables, que
satisfagan al pensamiento y al sentimiento de los hombres más civilizados.
















