¿Por qué existieron los dolicocéfalos?
El humano encuentra en la naturaleza, en el Universo y en
su propia historia, misterios insondables. Entre las características de esta
especie animal llamada humana, se encuentra su gran curiosidad por saber. Le interesa
el conocimiento, que luego aplica y se sirve de él, para una mejor
sobrevivencia; que le ha permitido ser el ser viviente con más capacidad de
sobrevivencia que las demás; a quienes usa para su beneficio; lo mismo que hace
con los de su propia especie. El
conocimiento le permite también estar consciente de su existencia y quizás
poder responder a la pregunta más difícil que se hace : Por qué existe; para
qué; el cómo llegó a ser.
Uno de estos misterios lo
encuentra en la historia de su propia especie: seres humanos con cráneos
enormes respecto al tamaño común; pero que existieron hace unos miles de años y
repartidos por todo el planeta. Han sido encontrados por los antropólogos en el
continente americano—Perú, México—; en África—en el tiempo de los faraones, en
Egipto—; en la India y últimamente en Rusia.
Ante las pruebas, los
científicos han elaborado, multitud de hipótesis; y continúan haciéndolo, para
explicar por qué existieron grupos de humanos con esas características; y
también—posiblemente por mutaciones—, aparecieron individuos con estos cráneos
dentro de su grupo considerado de cráneos comunes.
En Perú, de Paracas, se
han obtenido cientos de estos cráneos; mezclados con otros de tamaño normal;
muchos de ellos con agujeros—, hechos por las trepanaciones que practicaban
estos antiguos peruanos, después de sus violentas guerras, en las que se
perforaban las cabezas con armas contundentes.
En el Internet, se puede
encontrar amplia bibliografía sobre el tema; pero aún no se encuentra la teoría
que explique el caso; el porqué de la existencia de estos individuos y pueblos
en el pasado; y por qué no se presentan ahora, en estos tiempos.
Se han planteado
observaciones de que este tipo de humanos pertenecían a pueblos de culturas
desarrolladas en el pasado; que sorprenden por sus logros culturales; es decir,
sus realizaciones culturales sólo se explican por la presencia de gentes de
superior inteligencias en esos tiempos y espacios, y que después de ellos, de
sus desapariciones, sus culturas se estancaron o destruyeron—caso Paracas; caso
Egipto.
Partiendo— para un
razonamiento, para una hipótesis—, desde el hombre de la edad de piedra, hasta
la actualidad; esta especie no ha sufrido cambios significativos ni en su
anatomía, ni en sus pasiones. Todos los humanos tienen esqueletos semejantes;
todos los humanos aman u odian; sólo hay diferencias cuantitativas en ellos. Es
contundentemente semejante el hombre de la edad de piedra con el actual que
juega fútbol; dirige una financiera o gobierna un país poderoso o no; desde el
criterio físico y emocional.
Pero si existe una
característica enorme entre el hombre del Paleolítico y el de la era de la
Electrónica; esta contundente diferencia es su inteligencia para obtener
conocimiento científico; usarlo para desarrollar tecnologías; tecnologías para
la paz, tecnologías más para las guerras de depredación, expansión; genocidios
sin control; más que solidaridades y convivencias.
Parece que en esas dos
características—anatómica y emocional—, la naturaleza ha llegado a su límite;
pero continúa en el desarrollo de la mentalidad. Quizás la naturaleza “pensó”
que para que el humano tuviera más inteligencia era sólo cuestión de darle más
masa cerebral; y ensayó por ese lado.
Los estudiosos del tema,
nos informan que en los pueblos donde existieron esto cráneos
grandes—dolicocéfalos—; practicaron formas para que desde niños las personas
tuvieran esos cráneos—algunos científicos explican que quizás las razones para
ello eran sociales; estéticas…, o simples mutaciones. No siempre tuvieron éxito
porque hay momias, de bebés, que no sobrevivieron; pero otros sí. También no
hablan que esta práctica no conseguía aumentar la masa cerebral; que se supone
que “a más cabezón, más inteligente”.
Tal parece que, en
aquellos pueblos, hubo observación sobre estas personas de cráneos más grandes
que los comunes, y que eran más inteligentes que los demás; demostrándolo en
sus capacidades de realizaciones materiales. Tal vez esto los llevó a querer
alargar el cráneo, sin mayor razonamiento. De estas prácticas hay pruebas en
muchas culturas antiguas, que ya no existen—caso Perú, Egipto.
De lo expuesto, tal vez se
pueda concluir que, “ en el afán de evolución de la naturaleza, sobre su
creación favorita, quiso darle más inteligencia; inteligencia para que haga uso
ilimitado de su medio; y que ´pensó´, que agrandando el cerebro lo conseguiría;
pero por el método que ella usa de “ensayo-error”; llegó a la conclusión de que
no era la cantidad de cerebro sino la combinatoria dendrítica lo que hace
inteligente; es decir, que no era necesario un cráneo ni su contenido enorme; y
parece que por ello no insistió en hacer cabezones”.
Es decir; en la evolución de la especie humana; la última intervención de la
naturaleza ha sido darle mayor inteligencia; lo demás es responsabilidad del propio hombre.



