Muchas hipótesis tratan de explicar el fenómeno de la
desaparición de seres vivos en nuestro planeta; sus huellas, sus fósiles, son
pruebas irrefutables de que existieron.
Es estos fósiles se puede observar, en las anatomías, una
evolución de las formas; así los depredadores: “Tigre dientes de sable” y el “Tigre
de bengala”, lo demuestran; esta última fiera presenta una anatomía menos
rústica que aquélla. La misma regla es observable en otros seres; incluyendo al
humano; qué diferencia entre una moza de las cavernas y las esbeltas muchachas
de hoy, de cualquier raza o cultura; aunque el sentimiento por ellas no haya
variado nada.
Nos impresiona lo que vemos, lo que oímos, lo que excita
fuertemente a los sentidos; como un volcán que aún podemos observar; sabemos de
un meteoro, pero nunca hemos visto un asteroide estrellándose en la Tierra, con
la energía de que habla la mecánica cuántica; y las hipótesis tantas veces superficiales
sobre fenómenos desconocidos.
Por un desconocido instinto, los humanos de las primeras civilizaciones,
sentían en el Sol, el responsable de la vida en la Tierra; casi no hay cultura,
por muy primitiva que no mencione como a su creador a nuestra estrella; porque
racionalmente no es fácil explicar las radiaciones solares de infinitas formas
de energía que llegan del Sol a los planetas; siendo la Tierra la que cumplió
con requerimientos para la creación más asombrosa del universo: el fenómeno
vital.
La humanidad vive hoy, por conocimientos científicos, un
cambio climático muy perceptible; la sola variación de dos grados netos de
temperatura en un siglo, en los ecosistemas, producirá variaciones en las
especies, pero no en las especies, sino en las razas, en sus variedades; quizás no extinciones—más son producidas por la existencia humana—,pero
si, por aclimataciones o no, reducción en sus números, en sus tamaños; otros
crecerán y se harán visibles; es decir: es la energía solar la determinante
principal en la existencia de vida en la Tierra; las otras variables
intervinientes, como el propio calor, es fundamental para la conservación de
los seres, pero no para su creación o su destrucción significativa.
¡Oh dios Sol, a ti elevo mis plegarias para que no hayan
sequías, inundaciones; para que no suban de precio los alimentos; porque mi salario,
mi pensión no alcanza!



