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sábado, 9 de abril de 2016

¿TIENEN ESPÍRITU LOS PECES?



En la edad media, en Europa, un grupo de religiosos decían: “Dennos 30 años la educación de Europa, y dominaremos el mundo”.
Tal es el poder de la educación sobre las conductas humanas, cuando se empiezan desde niños y es generalizada. Eso explica el por qué las culturas tenían y tienen sus propias características; a semejanza de las familias que pueden ser agresivas o de convivencia; indiferentes o solidarias.
En la cultura occidental y cristiana, Europa y América, básicamente, el adoctrinamiento totalitario a las mujeres que serán madres, es absoluto en las masas; ellas desde el comienzo de la vida de los pequeños los adoctrinan; en este adoctrinamiento se incluye el concepto de alma; como ser independiente de los cuerpos y que existen en ellos hasta el momento de morir en que lo abandonan. Tales son las enseñanzas, el adoctrinamiento de muchas religiones; para establecer normas de conductas en los humanos, y puedan estos  vivir en la sociedad diseñada.
En estos adoctrinamientos, se considera que el alma—un constructo para la ciencia—, sólo es propia para los humanos, y que todos los demás seres no la poseen—inclusive en el coloniaje de América por los europeos, se consideraba que los nativos no poseían alma y que por ello cualquier trato hacia ellos era válido y podría hacerse sin remordimientos; ya que la ausencia de alma, implicaba ausencia de sentimientos, de pensamientos.
Pero la evolución del pensamiento es inevitable—dicho de paso: anatómica y fisiológicamente la especie humana y las demás existentes, demuestran un estancamiento evolutivo, si  alguna vez evolucionaban, en cuanto a las formas de sus cuerpos; los humanos siguen teniendo dos brazos con algunos pelos pero no convertidos en plumas ni escamas; pero qué diferencia entre las mentalidades del cavernario y el humano de la edad media con el contemporáneo. El humano actual usa la mentalidad científica para obtener el conocimiento de la realidad física, es decir el conocimiento científico, que en su aplicación práctica le produce una tecnología ni imaginada en los momentos más febriles; desgraciadamente, mayormente para el mal; ya que al igual que sus cuerpos no han variado significativa de formas y movimientos, tampoco ha variado nada en cuanto a las emociones de envidia, explotación, indiferencia. ¿Producto de adoctrinamiento? ¿Característica eterna de la especie animal a la que pertenecen los humanos?
El pensamiento científico considera que el conocimiento debe ser obtenido del mundo físico, que nada es verdad o realidad si no tienen existencia en él; si la idea no tienen correlato físico, la idea está en el mundo de lo imaginario, de  la fantasía. Pero otros conocimientos, por los mencionados adoctrinamientos intencionales, subyacen como chips en los cerebros toda la vida, a menos que se tome conciencia de ello y se modifique. Los chips colocados por adoctrinamiento en los cerebros desde pequeños, con colaboración generalmente inconsciente de las madres para su mantenimiento, determinan toda el pensamiento y por lo tanto la conducta de los individuos, hombres y mujeres; tantas veces, todos sus ciclos de vida.
Por eso, en un accidente habido en casa, una gran pecera fue contaminada y murieron una docena de hermosos peces de veinte centímetros de largo la mayoría. El abatimiento, los sentimientos de pena y furia a la vez, eran grandes en la familia. ¿A quién culpar? Nadie se atrevía a finiquitar el asunto eliminándolos de la pecera; allí se les veía a todos inmóviles. Toda una mañana; una tarde y una noche permanecieron así; con el aire desconectado, sin ánimo de hacer nada al respecto.
A la mañana siguiente, obligados a resolver, con sorpresa se pudo observar que de la docena, dos de ellos se movían; el familiar en loca esperanza los colocó en otra pecera y observó detenidamente a los demás. ¿Qué había sucedido? Quién sabe.
Se les ubicó en lugar especial; con cuidados del mejor hospital. Los dos se ubicaron en un rincón de aquella urna de vidrio, inmóvil; totalmente encogidos que ya no tenían forma de pez; así pasaron dos horas, cuatro; un día, cinco; sin alimentarse sin moverse. En una mente humana adoctrinada para aceptar que los animales, ni los mamíferos, los más evolucionados, y menos los peces, menos evolucionados, tienen almas, espíritus; una mente así se sorprende de ver en los ojos de aquellos simples seres expresiones difíciles de esperar. La resignación por la vida de ellos, llenó nuevamente los espíritus de la familia. Un sexto día de aquella infeliz situación, hizo acercarse por la pecera a un miembro de la familia que pudo ver y exclamó que uno de ellos se movía libremente por la pecera, mientras el otro continuaba cohibido en un rincón. Como si la luz volviera a los espíritus; al día siguiente ambos nadaban normalmente.
Lo que vimos, esa familia, en dos peces, arrinconados, en el fondo, fue simplemente enorme tristeza, a lo humano, que han perdido seres queridos.
 No todo es de los colores con que se nos ha adoctrinado; hay que tomar el conocimiento directamente de la realidad; por muy dura, por muy cruel que sea; porque también tienen instantes brillantes. Hoy vemos a esos dos peces sobrevivientes nadar con gran felicidad, en su cárcel de cristal; bien aseados; bien alimentados; mejor tratados por la feroz experiencia.