Las abuelas, para enseñar a los niños a ser humildes, solían
contarles historias curiosas. Contaban que en un puerto vivía un sabio, que a
pesar de serlo, quería saber cada vez más y más; saberlo todo. Todo el tiempo
pasaba razonando, especulando, con todos
los temas de la humanidad.
Una mañana muy temprano decidió bajar a la playa más lejana,
para sin interrupciones tener sus profundos pensamientos. Caminaba solitario, cuando
muy delante de él vio una figurita que corría hacia el mar, regresaba a la
playa y repetía los movimientos una y otra vez. Intrigado se fue acercando y
observó que un pequeño niño, sin perturbase por su presencia, corría hacia la
orilla del mar con un pequeño balde, recogía agua y regresaba a la playa y la echaba
en un hoyo; luego, volvía al mar y repetía una y otra vez lo mismo.
No pudiendo contener la curiosidad el gran hombre detuvo al
niño y le preguntó:
— ¡Oye niño qué haces!
— ¡Voy a poner todo el agua del
mar en el hoyo!—, le contestó sin dejar verter el agua y correr hacia el mar.
El cerebro del sabio se mortificó
ante lo ilógico del tema; esperó a que el niño regresase y le dijo molesto:
—¿No has pensado un momento, que
es imposible que toda el agua del mar jamás podrá caber en ese pequeño hoyo?
¿No vez que apenas la hechas desaparece?
El niño se detuvo, con linda
sonrisa se le acercó y le dijo:
—Ud. quiere tener todo el
conocimiento del universo; ¿no ha pensado que su pequeño cerebro no puede comprender todo lo
que hay en la inmensidad de él?—, dicho
esto corrió hacia el mar.
El sabio miró hacia otra lado por un momento,
sorprendido ante lo dicho por el niño. Miró hacia el mar, pero no había nadie.
El conocimiento del mundo que le
rodea, en el que existe, en sus aspectos prácticos, ha beneficiado a la
humanidad; a unos grupos mucho más que a otros; en toda la historia. Algunos
hombres, quieren saber cuál es el significado de aquello que en una noche
oscura, sin nubes, puede ver en los cielos oscuros, llenos de cuerpos
brillantes llamados astros; quiere saber por qué existe; que sentido tiene todo
ello. Hasta ahora, ninguna ideología lo explica, ni cercanamente.
Mientras se da esa búsqueda, tal
vez inútil, no se puede dejar de reconocer la belleza de las estrellas,
constelaciones, galaxias, planetas; hasta de una humilde estrella fugaz. Es
difícil describir cuál es la sensación del espíritu ante ello.
Ω


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