Para no perdernos en la infinitud del Universo, focalicemos
en la observación, análisis del Sistema Solar; con su estrella como eje y sus
planetas satelitales.
Entre tantas hipótesis de su formación, este conjunto tiene
dos partes: la estrella Sol, en que su estado físico es de energías libres, con
un poderoso núcleo plasmático de energías gravitacionales y magnéticas, que le
da unidad.
Los planetas, y satélites,
incluyendo asteroides— en dos niveles u órbitas: entre Marte y Júpiter y más
allá del misterioso, desconocido Plutón, allá en los confines del sistema
planetario solar —de materias, en diferentes estados físicos, como gaseoso,
líquidos y sólidos, totalmente o en partes.
El fenómeno vital, es el fenómeno más complejo en el
universo; es posible por la armonización, estructuración de millones de variables;
que sin ellas, no es posible la vida, aun la más elemental, microscópica o no.
Es presencia de materias diversas, de energías múltiples en calidades y
cantidades, actuando como catalizadores, enzimas, en medios para las combinaciones infinitas, siendo el mejor medio
el agua líquida; y el máximo producto, la vida.
La Luna, nunca ha reunido todas las variables para la
formación de la vida. Puede, en su nacimiento, haber formado agua, que puede
estar profundamente subterránea; pero era necesario la presencia de oxígeno,
mezclado para estar en el porcentaje preciso, como 20% en la Tierra.
Cualquier ser viviente, en su estado de especie—reproducción,
nacimiento, desarrollo y nueva reproducción…—, sea elemental o complejo, siempre
tiene estructura infinitamente compleja; tantas veces difícil de entendimiento aún
por las mentalidades actuales esclarecidas. Tal vez aún, con el avance en el
desarrollo de la inteligencia humana, antes de la desaparición de la humanidad,
se pueda entender el significado de la existencia del universo, de la vida y la
de la especie humana, en todos sus dramas históricos, en sus tragedias.

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