No existen meteoros más grandes que la Luna terrestre o los
satélites de Marte, que vaguen libremente por el cosmos.
La leyes del universo, en su sabiduría, han determinado que
los astros de grandes masas orbiten unos alrededor de otros; y este orden ha sido
establecido ya en el nacimiento de las galaxias; en las que por tener un núcleo
enorme de gravedad, mantiene a los cuerpos de su estructura girando espiralmente
alrededor de él; mientras, en sus brazos o espirales, alrededor de estrellas,
se han formado sistema planetarios estables, con movimientos casi circulares o elípticos.
Luego, el Universo está ordenado en su dinámica y que un
cuerpo o meteoro del tamaño de la Tierra se despedace con esta, no es probable
en la lógica construida sobre premisas sobre las fuerzas de gravedad.
Grandes meteoros, que hagan daño en la Tierra si es posible
y probable; como una acción más de las fuerzas de la naturaleza. Pero en los
300 kilómetros de atmosfera, los meteoros se dividen en partes; donde
difícilmente llegarán a la superficie con tamaños de digamos, 50 kilómetros de
diámetro o más; no hay historia de ello en nuestro viejo planeta.

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