La
geografía, el clima, en el planeta Tierra, estuvo antes que estos seres llamado
por sí mismos, inexactamente: humanos—si por humanos queremos entender seres que no se dañan entre sí, que más saben
convivir en complementación, seres que se ayudan mutuamente…—. Así que los
“daños” causados por la madre naturaleza, al romperles sus puentes, carreteras,
vías de ferrocarril; inundarles sus campos de cultivos, sus ciudades, sus
casas; destruirles sus vehículos y otros patrimonios, no son responsabilidades
de las fuerza naturales.
El “río
conoce su cauce”, se decía, y siempre lo reclamará, aunque hayan pasado tres
mil años, volverá por él.
Pero no todo
es daño. Las enormes masas de agua que caen en el territorio peruano,
especialmente las que caen en la cordilleras, ricas en minerales, y terminan en
el Océano Pacífico, arrastran millones de toneladas de minerales de esas
montañas y las depositan en el mar. Esto es alimento del fito-plancton, primer
eslabón, vegetal, de todas la especies marina; luego: a más aguas más peces;
claro sin olvidar que la generatriz primera y última de los seres vivientes son
las diferentes clases de energías que envía el Sol.
Bueno, si el
conocimiento no se equivoca, así será, y la economía sonreirá un poco, también
habrá mucho pescado frito y el plato marino de bandera entre los peruano:
Ceviche.
Ω



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